SALUD PULMONAR - 9 de enero de 2026
“Estoy nervioso/a, me voy fuera a fumarme un cigarro”
“A mi fumar me relaja”
“Si no fumo, me pongo aún más inquieto/a”
Expresiones como estas son muy comunes y reflejan toda una creencia muy extendida: la idea de que el tabaco relaja y ayuda a aliviar la ansiedad. Pero, ¿sabías que el tabaco es, en realidad, una sustancia estimulante?
Entonces, ¿cómo es posible que tengamos tan interiorizada la sensación de que fumar nos calma, cuando en realidad el efecto que ejerce sobre nuestro sistema nervioso es justo el contrario?
La respuesta a esta pregunta tiene, en gran medida, una doble explicación:
La nicotina también genera síndrome de abstinencia o “mono”
La ansiedad ya está de base, el tabaco se usa como herramienta
Así es: aunque el tabaco esté socialmente aceptado y culturalmente extendido, no queda libre de consecuencias. Al igual que otras sustancias adictivas, la nicotina genera en el consumidor un síndrome de abstinencia que alcanza su pico entre las 24 y 48 horas tras dejar de fumar y puede prolongarse entre dos y cuatro semanas.
El síndrome de abstinencia o “mono” de la nicotina se manifiesta con síntomas tanto físicos como psicológicos: un fuerte deseo de fumar, irritabilidad, nerviosismo o inquietud, dificultad para concentrarse, insomnio, tensión y cambios en el estado de ánimo. Hablamos de consecuencias fisiológicas de la sustancia y que nada tienen que ver con la voluntad de la persona que deja de fumar.
Cuando pasamos cierto tiempo sin fumar comienzan a ponerse en marcha todos estos mecanismos provocando una sensación de ansiedad, inquietud y malestar que automáticamente se alivian en el instante en el que fumamos la primera calada. Así es como aprendemos “fumar me calma”, cuando en realidad, tan solo calma el síndrome de abstinencia generado por el cigarrillo anterior.
Por otro lado, también es cierto que muchas personas utilizan el tabaco como un recurso para aliviar sensaciones de ansiedad. Pero esto no significa que el tabaco tenga realmente este poder, sino que actúa como una distracción momentánea, se utiliza como una forma de desconectar de estamos emocionales desagradables.
Algo similar ocurre cuando, al dejar de fumar, algunas personas experimentan un aumento de peso: el tabaco se sustituye por otros comportamientos que cumplen la misma finalidad, como comer, que también está vinculado a lo oral y proporciona una sensación de placer inmediato y de evasión frente a la incomodidad de ciertas emociones.
Conocer estas ideas es esencial antes de plantearnos un proceso para dejar de fumar. Como primer paso, disponer de toda la información nos protege de los mitos en los que se basa la adicción y nos recuerda que no somos incapaces de vivir sin tabaco: tan solo hemos aprendido a asociarlo erróneamente con calma y alivio. Pero esta calma nunca provino del cigarro.
¿Te animas a ver qué otros mitos son la base de tu consumo de tabaco?
Redactado por:
Ana Gutiérrez Frutos
N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria