PÁRKINSON - 27 de octubre de 2024
La ingesta de lácteos, cereales y carne ha ido en aumento durante muchos años atrás hasta hoy hasta que cada vez hay más conciencia de lo que supone el equilibrio en la dieta sin caer en dogmas extremistas que prohíban o den vía libre. En general, una ingesta elevada (con elevada podemos hacer referencia a diaria) de lácteos, trigo y carne roja no es lo óptimo para la salud y, en concreto, para la prevención o tratamiento del Párkinson, tampoco.
Hay una conexión entre el intestino y el cerebro que hace que lo comamos influya en el metabolismo y regulación de neurotransmisores, como es la dopamina, tan importante en esta enfermedad. Mantener una microbiota tanto digestiva como intestinal, es fundamental para frenar el avance del Párkinson.
Las recomendaciones nutricionales en esta patología van dirigidas a dietas “plant-based” o basadas en plantas, por lo que los lácteos y la carne ya quedarían más desplazados. Además, se recomienda tomar una alta cantidad de fibra para ayudar al estado de esa microbiota, es decir, consumir mínimo unos 30g de fibra al día, por tanto, habrá que incluir cereales integrales. Cuando se elijan esos cereales, debemos optar por otros que no sean siempre el trigo incluyendo cebada, centeno, trigo sarraceno, avena, arroz, maíz, espelta… No solo por el gluten, ya que algunos de estos contienen sino también porque el trigo es un cereal más inflamatorio que el resto además de que cuida y respeta menos el equilibrio de la microbiota.
Como información añadida, se ha encontrado relación entre la celiaquía y el Párkinson por lo que se recomienda realizar la prueba para confirmar diagnóstico en caso de ya padecerla o querer prevenirla por antecedentes familiares para así proceder a retirar el gluten de la dieta ya que podría afectar al sistema nervioso y a la progresión y deterioro cognitivo.
En cuanto a la carne roja, se recomienda disminuir su consumo al máximo ya que sí se relaciona con el Párkinson. Podríamos dar prioridad a carnes blancas magras como el pavo o pollo y obtener las proteínas de la dieta de fuentes vegetales de forma coadyuvante como las legumbres.
Y, por último, con los lácteos habría que hacer distinciones ya que el yogur o el kéfir nos ayudarían por sus probióticos a una buena salud intestinal optimizando esa parte de neurotransmisores que comentaba al inicio. Los quesos podrían añadirse en la dieta, aunque no diariamente y siempre que elijamos mirando ingredientes. Deben llevar tanto quesos como yogures leche pasteurizada, fermentos lácticos, cuajo, coagulante y/o sal, sin azúcares, edulcorantes u otros ingredientes añadidos. Y, con la leche, serían más interesantes otras bebidas vegetales como la de almendras, aunque si se prefiere animal, sería más adecuada la de cabra frente a la de vaca.
En resumen, para conseguir un mayor bienestar es fundamental combinar una dieta mediterránea que incluya grasas saludables y proteínas vegetales o animales con mayor cantidad de huevos y pescados frente a carnes.
Mireia Elías, Dietista-Nutricionista Col.MAD00190 y fundadora de Alimentación 3S.
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Alimentación 3S