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¿Otra vez con dolor de cabeza? La invalidación del entorno

MIGRAÑA - 20 de marzo de 2026

El hecho de que la migraña sea una dolencia tan extendida en la sociedad actual no la convierte en un problema menor, todo lo contrario. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoció en su informe de 2013 como la sexta causa mundial de discapacidad y estima que los trastornos por cefalea afectan aproximadamente a un 40% de la población mundial.

Aun así, la elevada frecuencia con la que escuchamos a personas de nuestro entorno referirse a su dolor de cabeza ha llevado a que se naturalice, tratándose a menudo como una molestia común y nada relevante.

¿Qué entendemos por invalidación?

Cuando hablamos de invalidación nos referimos precisamente a esta tendencia a minimizar o invisibilizar la relevancia de algo, en concreto, poniendo en duda o tratando como exagerado el dolor que alguien nos comparte o incluso el propio.

Como ya habíamos hablado en artículos anteriores, desde un punto de vista clínico, la migraña es mucho más que un simple dolor de cabeza ocasional. Se trata de una un trastorno neurológico caracterizado por síntomas como el dolor intenso, hipersensibilidad a estímulos como la luz o el sonido, náuseas, alteraciones visuales e incluso dificultades cognitivas. En muchos casos, las migrañas pueden llegar a ser tan intensas que limitan por completo la capacidad de la persona para responder a un día cotidiano de forma normalizada.

Más allá de la repercusión física

Más allá del impacto físico, la persona con migraña también convive con una carga emocional. A pesar de que se conocen qué factores propician que se desencadene una crisis, la relación no es tan clara o directa por lo que, con frecuencia, las crisis no se pueden anticipar. Estas crisis interfieren tanto en la vida personal y social como en lo laboral.

Así, es común que quienes conviven con este trastorno experimenten emociones como frustración cuando las crisis de migraña limitan poder formar parte de momentos importantes, rabia o impotencia al no tener un control sobre la situación y miedo constante ante la posibilidad de una nueva crisis. Este último factor es especialmente desgastante y explica la elevada carga que a veces acompaña a la enfermedad.

¿Cómo podemos ayudar si nuestro ser querido tiene migraña?

  1. Otorgar la relevancia que merece

    Cuando hablamos de migraña no hablamos de un “pequeño dolor de cabeza”. Entender la complejidad de esta enfermedad y reconocerla como dolencia crónica es de gran ayuda para ofrecer un apoyo humano y real.

  2. Comprender el trasfondo emocional

    Aunque la persona no explicite lo que hay detrás de su crisis de migraña, poder validar su experiencia emocional y detenernos a empatizar y a pensar en cómo nos sentiríamos nosotros/as en su situación ya será de mucha ayuda.

  3. Ofrecer comprensión, no soluciones simples y rápidas

    Recomendaciones rápidas como “pues tómate algo para el dolor” o “descansa y ya se te pasará” pueden sonar bienintencionadas, pero suelen colaborar con una mayor sensación de incomprensión. Aunque no podamos aliviar el dolor directamente, sí es posible demostrar empatía y respeto reduciendo así el impacto psicológico de las crisis.

Redactado por:

Ana Gutiérrez Frutos

N.º. Col. M-33182. Psicóloga General Sanitaria

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