ANEMIA FERROPÉNICA - 20 de marzo de 2026
El cansancio es uno de los síntomas más habituales durante el embarazo. Falta de energía, dificultad para concentrarse o sensación de agotamiento constante suelen asumirse como parte normal de esta etapa. Sin embargo, no siempre es así. Cuando la fatiga es intensa, persistente o se acompaña de mareos, palidez o debilidad marcada, puede estar avisando de un problema frecuente y, en muchos casos, evitable: la falta de hierro1.
Durante la gestación, el organismo materno realiza un esfuerzo extraordinario para sostener el crecimiento del bebé. Si ese esfuerzo no cuenta con los recursos necesarios, el cuerpo empieza a notarlo. Entender por qué ocurre y cómo se detecta a tiempo resulta clave para cuidar la salud de la madre y del feto.
A lo largo del embarazo, el volumen de sangre aumenta de forma progresiva para garantizar el aporte de oxígeno a la placenta y al bebé. Para producir más glóbulos rojos, el cuerpo necesita mucho más hierro de lo habitual. En total, las necesidades de hierro durante la gestación se acercan a 1 gramo, casi el doble de lo requerido fuera del embarazo¹.
Cuando este aumento no se compensa con las reservas previas o con la alimentación, aparece la anemia ferropénica, la forma más común de anemia en embarazadas. A nivel mundial, más de un tercio de las gestantes presenta anemia en algún momento del embarazo², lo que la convierte en una de las complicaciones más frecuentes en esta etapa.
Muchas mujeres comienzan el embarazo con depósitos de hierro bajos, debido a pérdidas menstruales previas o a dietas poco ricas en este mineral. A partir del segundo trimestre, el crecimiento fetal se acelera y la demanda de hierro aumenta de forma notable. Si las reservas ya eran escasas, el organismo no siempre logra adaptarse³. La anemia en el embarazo es habitual en el tercer trimestre. En muchos casos, se desarrolla de forma silenciosa y no da síntomas claros hasta que el déficit está avanzado.
Otros síntomas que pueden indicar que la sangre transporta menos oxígeno del necesario1, además del cansancio, son mareos, palidez de la piel o de las mucosas, sensación de falta de aire con pequeños esfuerzos o dificultad para pensar con claridad
Sin embargo, la anemia es solo la parte visible del problema. Existe una situación previa, conocida como deficiencia de hierro sin anemia, en la que la hemoglobina es normal, pero las reservas de hierro están muy bajas. Diversos estudios han demostrado que esta carencia puede provocar cansancio marcado, alteraciones cognitivas y sensación de debilidad, incluso antes de que aparezca la anemia en los análisis4.
Por este motivo, cuando existen síntomas compatibles, resulta importante valorar la ferritina, un marcador que refleja los depósitos de hierro del organismo. A veces los depósitos están prácticamente vacíos, aunque la sangre parezca normal, y tratar este déficit puede aliviar la fatiga y mejorar el bienestar durante el embarazo.
Las revisiones obstétricas en España incluyen analíticas periódicas que permiten detectar tanto la anemia como el déficit de hierro antes de que aparezcan complicaciones. Estos controles tienen en cuenta que, durante la gestación, la sangre se diluye de forma fisiológica, por lo que los valores cambian según el trimestre.
La importancia de esta detección precoz es clave, ya que la anemia durante el embarazo está asociada con un mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y peor estado de salud materno tras el parto5. Además, llegar al momento del parto con anemia aumenta la probabilidad de necesitar transfusiones si se produce una hemorragia.
Uno de los principales problemas del tratamiento con hierro son las molestias digestivas, como estreñimiento o náuseas, que llevan a muchas mujeres a abandonar la suplementación. En este contexto, investigaciones recientes6 indican que tomar el hierro en días alternos puede ser igual de eficaz para mejorar la hemoglobina y las reservas, pero con muchas menos molestias digestivas.
La anemia durante el embarazo no siempre se presenta de forma evidente. A menudo se manifiesta como un cansancio que se normaliza o una fatiga que se arrastra sin explicación. Hoy se sabe que no solo la anemia visible, sino también la falta de reservas de hierro, puede afectar al bienestar de la madre y al desarrollo del bebé. Reconocer las señales, interpretar bien los análisis y actuar a tiempo permite reducir riesgos y vivir el embarazo con más energía y tranquilidad.
Bibliografía
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Stoffel NU, Zeder C, Brittenham GM, Moretti D, Zimmermann MB. Iron absorption from supplements is greater with alternate day than with consecutive day dosing in iron-deficient anemic women. The Lancet Haematology. 2017;4(11):e524–e533.
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