ALERGIA - 6 de febrero de 2026
¿Qué pensarías que tienen en común las siguientes palabras: polen, ácaros, frutos secos, marisco o pelo de animal? Si has pensado en ALERGIA, enhorabuena, has acertado.
Cuando se habla de alergias, la mayoría de las personas piensa en estos tipos, sin embargo, existen formas menos conocidas de alergia que pueden resultar igualmente o incluso más limitantes en la vida cotidiana, como la alergia al frío y la alergia al agua. Desde un punto de vista médico, ambas se engloban dentro de las llamadas urticarias físicas, es decir, reacciones cutáneas desencadenadas por estímulos físicos concretos.
La alergia al frío, también conocida como urticaria por frío, aparece cuando la piel entra en contacto con bajas temperaturas, aire o agua fríos. Tras la exposición, lo más común es que surjan ronchas, enrojecimiento, picor e incluso inflamación. En casos más graves, la reacción no se limita a la piel y puede producir mareo, dificultad respiratoria o una bajada brusca de la tensión arterial. Aunque no se trata de una alergia “clásica” el sistema inmunológico desempeña un papel central al liberar histamina como respuesta exagerada al frío.
Algunos consejos para poder sobrellevar esta alergia de una buena manera son entre otras: vestirse con varias capas de ropa adecuada para el frío evitando así la exposición directa, usar guantes y bufandas para proteger las partes del cuerpo más expuestas al frío, ducharse con agua tibia a caliente y aplicar una buena crema hidratante recomendad siempre por el dermatólogo para mantener la piel bien.
Por su parte, la alergia al agua o también denominada urticaria acuagénica es extremadamente rara. Las personas afectadas desarrollan lesiones cutáneas tras el contacto con agua, independientemente de su temperatura o procedencia. Actividades básicas como ducharse, sudar o incluso llorar puede desencadenar la reacción. A nivel psicológico, este trastorno puede generar un alto impacto emocional, ya que el agua es un elemento imprescindible para la higiene y la vida diaria, lo que puede provocar que la persona desarrolle una ansiedad anticipatoria y una evitación a actividades.
Los efectos de esta urticaria se pueden reducir en las actividades del día a día manejando así los posibles efectos emocionales que pueda tener sobre nosotros. Se recomienda reducir la frecuencia y duración de baños y duchas y usar agua templada en lugar de caliente, aplicar crema barrera antes de la exposición al agua, secar la piel a toquecitos, beber agua usando una pajita evitando así que toque los labios, reducir el ejercicio intenso que produzca mucho sudor.
Desde la psicología de la salud, es importante comprender que vivir con estas condiciones implica un proceso de adaptación. El miedo a la reacción, la sensación de falta de control y la incomprensión del entorno pueden afectar al bienestar emocional. Por ello, el abordaje más eficaz combina tratamiento médico, educación sanitaria y apoyo psicológico. El hecho de que no tengan ninguna de estas alergias una cura definitiva, hace que sea realmente importante desarrollar una adecuada gestión emocional que permita mantener una buena calidad de vida.
Lucía Ongil, Psicóloga Sanitaria M-35082 en Alimentación 3S.
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Alimentación 3S