DÉFICIT DE ATENCIÓN - 13 de febrero de 2026
Dormir mejor no solo mejora el descanso: también puede reducir los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Un ensayo clínico publicado en Sleep Medicine en 2024 mostró que intervenir sobre la higiene del sueño en niños con TDAH mejoró la calidad del descanso y se asoció con avances en la atención y la regulación emocional¹. Ese mismo año, otra intervención conductual centrada en el sueño describió una reducción de la gravedad de los síntomas y una mejora de la calidad de vida².
Estos resultados refuerzan una idea que la investigación viene señalando desde hace tiempo: los problemas de sueño no son un aspecto secundario del TDAH. Los niños y adolescentes con este trastorno presentan dificultades para dormir casi el doble de veces que la población general³, y estas alteraciones influyen de forma directa en la atención, la memoria y el estado de ánimo durante el día³,⁴.
Durante el sueño, el cerebro consolida la información aprendida y reorganiza las redes neuronales implicadas en la atención y la memoria. Cuando este proceso se interrumpe, el rendimiento cognitivo se resiente. En población infantil con TDAH, el sueño insuficiente se asocia con más errores, mayor distracción y una capacidad claramente menor para mantener la atención de forma sostenida⁴,⁵.
Estas dificultades se reflejan con claridad en el ámbito escolar. Tras noches de descanso irregular, aparecen más problemas para seguir instrucciones, completar tareas o retener contenidos trabajados el día anterior⁴. Diversos estudios señalan que, cuando se estabilizan los horarios de sueño, algunos problemas académicos se atenúan incluso sin cambios en otras rutinas³.
El impacto del sueño va más allá de la atención. Dormir poco o de forma fragmentada se relaciona con mayor irritabilidad, cambios bruscos de humor y menor tolerancia a la frustración en niños con TDAH³,⁶. En la adolescencia, además, el descanso insuficiente se ha vinculado con un mayor riesgo de síntomas de ansiedad y bajo estado de ánimo⁶.
En el contexto español, los problemas de sueño figuran entre los factores que más deterioran la calidad de vida familiar cuando hay un diagnóstico de TDAH. Las noches difíciles suelen traducirse en mañanas más desorganizadas y jornadas con mayor carga emocional, tanto para los menores como para sus cuidadores³.
La evidencia indica que mejorar el sueño puede aliviar parte del impacto del TDAH. Uno de los factores más relevantes es la regularidad. Acostarse y levantarse a la misma hora, incluidos los fines de semana, ayuda a sincronizar el reloj biológico y favorece un descanso más profundo y reparador⁷.
La reducción del uso de pantallas antes de dormir es otro aspecto clave. La luz emitida por móviles, tabletas y televisores interfiere con la producción de melatonina (la hormona que facilita el inicio del sueño), retrasando la conciliación y fragmentando el descanso⁵. En niños con TDAH, este efecto parece ser especialmente marcado³,⁵.
El entorno también desempeña un papel importante. Dormitorios tranquilos, con poca luz y sin estímulos activadores, se asocian con un inicio del sueño más rápido y menos despertares nocturnos⁷. Las rutinas relajantes antes de acostarse, como la lectura o la música suave, ayudan a que el cerebro identifique que es momento de descansar.
Conclusión
El sueño no es un complemento del abordaje del TDAH, sino uno de sus pilares. Dormir mejor se asocia con mejoras en la atención, la memoria y la regulación emocional, y contribuye a un funcionamiento diario más estable³,⁴,⁶. Aunque no elimina el trastorno, sí puede reducir su impacto y facilitar el manejo de los síntomas. Por eso, cuidar el descanso es cuidar el cerebro.
Bibliografía
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